| Reflexiones del 26M |
Señor Presidente de la República, en vista de que día tras día su gobierno implementa tácticas cada vez más autócratas y lesivas para nuestro sistema político, me tomaré el atrevimiento de cuestionarle –a través de hechos recientes y el irrespeto a nuestra Constitución que ya se ha vuelto tan habitual– cuestiones que como ciudadano responsable entiendo nuestro país amerita nos sean respondidas, bajo la premisa de que nuestro país –tal y como, de manera ideal, establece nuestra Constitución en su artículo 7– “…es un Estado Social y Democrático de Derecho, organizado en forma de República unitaria, fundado en el respeto de la dignidad humana, los derechos fundamentales, el trabajo, la soberanía popular y la separación e independencia de los poderes públicos.”
¿Por qué, día tras día, vemos una judicialización cada vez más acelerada de la política en nuestro país? Con irrisorias violaciones al debido proceso amparado por esa Carta Magna de la que me guío y hago referencia –en su artículo 69 para ser más específicos–; con casos donde parecería que el afán mediático supera –considerablemente– la sed real de justicia.
Parecería, incluso, que a su gabinete se le hace difícil cumplir con lo establecido por nuestra Ley Sustantiva en su artículo 39 que establece que “Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, reciben la misma protección y trato de las instituciones, autoridades y demás personas y gozan de los mismos derechos, libertades y oportunidades, sin ninguna discriminación por razones de género, color, edad, discapacidad, nacionalidad, vínculos familiares, lengua, religión, opinión política o filosófica, condición social o personal”, y es que la razón que nos mueve a establecer un planteamiento de esta naturaleza es –para este caso– estrictamente desde el ámbito político donde, debido a los últimos acontecimientos cualquiera pudiera ver de manera bastante clara que hay una gran diferencia entre lo que se practica y lo que se pregona. Ningún ciudadano debería temer que se ejecute opresión en su contra por el simple hecho de tener opinión política o filosófica distinta a los demás.
¿Por qué no nos explica la razón por la que en el día de ayer a los peledeístas se nos violaron nuestro derecho de libertad de reunión, presidente Abinader? Detrás de la reunión no existía ningún fin que constituyera en un ilícito, entonces… ¿por qué bombardear nuestra Casa Nacional Reinaldo Pared Pérez? Nuestra Ley Sustantiva establece en su artículo 48 que “Toda persona tiene el derecho de reunirse, sin permiso previo, con fines lícitos y pacíficos, de conformidad con la ley.”, y nuestro Tribunal Constitucional –a través de su sentencia TC/0092/18– se ha manifestado en cuanto al ejercicio a la manifestación o protesta social, indicando que “…esta constituye una expresión del control ciudadano frente a las autoridades que ejercen potestades públicas y procuran que el Estado ofrezca respuestas concretas u acometa acciones ante sus demandas; este es un medio legítimo de poder ciudadano que opera como contrapeso en el orden democrático, que debe ser preservado, por lo que sus actuaciones de la autoridad deben estar enmarcadas en las facultades que le otorga la ley y la Constitución.”, entonces… ¿por qué impedirnos protestar de manera pacífica ante la judicialización de la política en nuestro país y los reiterados atropellos que viven los dominicanos a diario, señor Presidente?
Esa misma referida decisión del Tribunal Constitucional, también nos indica que “…el derecho a la reunión, a la libre expresión y a la protesta frente a los lugares públicos solo puede ser impedido por la autoridad cuando exista una razón que justifique la limitación de estos derechos; en ningún modo, se podrá alegar un peligro eventual o un prejuicio de considerar una manifestación social como sinónimo de desorden o de conspiración al orden constitucional.”, ¿por qué, entonces, no se ha garantizado el derecho constitucional a la protesta?
Convendría incluso, recordar de manera responsable que la misma Ley Sustantiva –en su artículo 49– establece que “Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos, ideas y opiniones, por cualquier medio, sin que pueda establecerse censura previa.”, ¿por qué limitarnos a nuestro derecho de expresarnos –sin hacerle daño a nadie– en contra de los reiterados abusos que tiene su gobierno?
Y, por último, y no menos importante, señor Presidente… ¿por qué no nos explica qué es lo que les está llevando a cometer tantos actos opresivos en contra de quienes piensan distinto? Yo creo que aún estamos a tiempo de recibir la respuesta. La magnitud de lo ocurrido ayer cuando agentes de la Policía Nacional bombardearon la Casa Nacional Reinaldo Pared Pérez del Partido de la Liberación Dominicana no deja de ser un acto de burda opresión a un partido en oposición que ha sido respetuoso en todo momento y no estaba reunido con fines ilícitos. Constituyendo esto un ataque burdo y directo a la democracia dominicana.
Ayer le tocó al PLD, pero a este ritmo parecería que… ¡mañana puede ser a cualquiera que piense distinto a ustedes!